miércoles, 28 de abril de 2010

MARRUECOS 2010

Laiseca:

Dime padre, dime ¿dónde has estado?
Estuve contigo en todo momento salvo en los pasos muy difíciles, en los que la mente se quedaba en blanco, en los que lo inmediato era la motivación, la premura del momento daba paso a anular el resto de sentidos.
En las amplias jamadas has estado conmigo, tú y los míos, los que están a mi lado y los que me gustaría estuvieran.
Te confieso que en una jamada entre Assa y Tan Tan, al salir a aquella llanura de forma inesperada, se me saltaron las lágrimas, por la belleza, la soledad del lugar, por el placer de estar compartiendo este momento tan especial con mis amigos, porque no lo pude disfrutar contigo, por una pizca de dolor, por la libertad de estar allí en aquella inmensidad que sin tapujos nos ofrecía su desnudez.
Rodeados de montañas que en su vientre generan una llanura para el disfrute, para circular sin límites, para mirar, para vernos, saludarnos y felicitarnos por estar.
He estado en el lugar donde la luna brilla durante todo el día, donde los ojos transmiten el pensamiento, donde la nada es el todo, donde el murmullo del viento trae aromas conocidos, quizá de nuestra gran duna, quizá de tiempos pasados.
He estado en la luna, he estado donde la amistad se torna amargura, donde los lazos se estrechan, donde el dolor y la pasión son auténticos.
He estado con el aliento de la vida a flor de piel, donde las gentes visten con colores de intensa realidad, donde la tierra es agreste y maravillosa.
Dime padre, dime ¿qué has sentido?
He sentido por mi y por los que me rodean, he sentido soledad compartida, he sentido el silencio como me llenaba, los sentimientos de mis amigos que eran los míos, he sentido la emoción en sus ojos, en sus cuerpos.
He sentido la pasión por la libertad, por la aventura, me he sentido crecer en mitad de la nada, he sentido la satisfacción de llegar a esas playas blancas de millones de conchas, que alfombraban nuestro paso, a la vez que las gaviotas nos daban la bienvenida alzando el vuelo hacia un cielo profundo y prometedor.
He sentido tristeza por lo efímero del momento, por no poderlo vivir casi a diario, hasta quedar harto de la imagen.
Cansancio, dolor, sed, sueño, hambre, aspectos físicos que, si acaso, dan valor y belleza al viaje.
Dime padre, dime ¿Qué traes?
En mis manos vacías traigo la sensación de ser un poco diferente, un poco más soñador, nostalgia de no vivir en la esencia de las cosas, traigo sed de casi todo, la convicción de que en lo poco está el comienzo.
Traigo la certeza de que para poder decir “todo suma”, de que para enseñarte lo poco que sé, deberíamos vaciar nuestros capazos, nuestras creencias y llenarlos nuevamente con lo esencial, lo más básico, lo que nos haga sentir la sutileza de la vida.
Red



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